Los cojones de mis trompas de falopio

No sabía el interés tan grande que tenía la sociedad por mis trompas de falopio hasta que me casé. Esa obsesión extraña de reproducción que tiene todo aquel que no me clava y que no me va a mantener al crío es el tema de predilección de los que se quieren dar una cerveza conmigo. Si decido no beber lo primero que preguntan es si estoy preñá. Me imagino que todas las que están en sus treinta, casadas y sin hijos se tienen que bajar un palo de algo cuando salen. Es un estigma raro. La verdad es que no lo he pensando. Entonces me miran con ojos de vaca cagona y me dicen: “No tienes nada que pensar. Ya te estás poniendo vieja y debe ser horrible parecer la abuela cuando lleves los hijos a la escuela”. Claro, la superficialidad de cómo me voy a ver en un futuro es intrínseco para tomar esta decisión que me afectará el resto de vida. Lo que pienso cuando me hablan de escuela es el trauma que me ocasionaron las madres del portón. Sí, esas mujeres que llevan los niños a la escuela y se quedan 3 horas chismeando de los hijos de los demás a la entrada. Esas que ponen el bumper sticker en le carro que dice: “Mi hijo está en la cuadro de honor de esta escuela”, las mismas que le hacen las asignaciones a sus hijos y después se quejan si no le dan una buena nota a ella porque el la charrería de sticker lo ponen por sus propios logros. Tener hijos no me hace ni mas ni menos, pero sí me hace un ser pensante. La cicatriz de la cesárea es un honor del cumplimiento de los parámetros que eran esperados de ellas en esta sociedad. Soy del campo y este tema no se cuestiona. El monte de Puerto Rico está lleno de mujeres que a los 40 años ya son abuelas y a mí no me enorgullece el saber que seguimos viviendo en los tiempos de La Charca. Después de la segunda cerveza me preguntan que para qué me casé. Me casé porque me salió de la crica, el mismo toto por donde va a salir el mocoso que no existe que todo el mundo quiere que salga.

Conviví con mi macho por mas de 6 años antes de que a el le diera por arrodillarse y decirme que sin mi no valía la pena vivir. Nada que yo no supiera, pero a el le dió la pendejá de verbalizarlo. Era feliz así, aunque me encontré con par de bichas que me decían que si convivía nunca me iban a proponer matrimonio. Yo no me quería casar. Ellas no entendían. Claro, hay que ser casta, casarse de blanco y no pecar. En otras palabras, puedes fornicar todo lo que te de la gana siempre y cuando no se lo escupas en la cara a nadie. Me hablaban de los beneficios del matrimonio y la única ventaja que yo le veía era ahorrarme par de pesos en los impuestos y tener plan médico. Mi macho sacaba el tema de vez en cuando, yo nunca lo cogía en serio. Hasta que un día parece que lo picó el mosquito del zika y compró una sortija de compromiso que no reflejara amarillo, por que eso es una cafrería, y que fuese de mas de un quilate porque según el papá de una de mis mejores amigas, si es menos de eso no te quieren. Me revientan la mujeres que se compran sus propias sortijas o se quejan de que no les gustó. Si no te gustó no te cases, eso significa que no te sabes comunicar con él, el tipo no te ha ligado lo suficiente como para reconocer tu estilo o el idiota no sabe escucharte. A mi me encantó la mía. Gracias. Mi marido estuvo guardando la sortija en un amplificador por seis meses. Antes de dármela el pobre hombre estuvo tres meses cogiendo clases de canto porque a él le encanta complicarse la vida y yo lo amo así. Alquiló un espacio en el Viejo San Juan, invitó como a 50 personas, contrató un pianista y empezó a cantar. Lo primero que pensé fue: Cuántos palos de whisky se dio este?. Me agarró por el brazo, me paró en el medio de todo el mundo y me dice, no me pregunta porque el también tiene sus momentos de arrogancia, ‘Cásate conmigo’. Yo abrí la boca y le dije: ‘Claro, cabrón’. Sí, le dije cabrón y qué pasa. Mi primer pensamiento después de todo fue que mami me había dicho que me pintara las uñas y ahora entendía por qué. Me trajeron una champagne y estuve bebiendo hasta las 5am. Al otro día mi madre nos invita a almorzar, saca un calendario y me dice: “Como te conozco y se que si fuese por ti estarás 10 años comprometida, pues me vas a dar una fecha ahora”. Sí, la misma mujer que dos años antes me había dicho que no me casara pero que le diera un nieto. Ella estaba gozando y yo estaba bruta. Así fue como terminé casándome. De ahí a tener hijos es otro fucking tema.

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La correlación entre matrimonio e hijos la vine a entender unos meses antes. No tienes que casarte para tener hijos, para mi eso era obvio, pero para otros no lo es. Llegó a mi apartamento una amiga de mi marido a llorar porque el novio la dejó dos meses antes de la boda. En un principio estaba bien atenta porque ese cuento me parecía un jugoso chisme. Hasta que me percato que el ex la dejó porque ella le estaba escondiendo las finanzas de la boda y haciéndole creer que estaban gastando mucho menos. Yo no sirvo para consolar y mucho menos cuando sé que la persona que me esta haciendo el cuento no tiene la razón. Le dije que era lo mejor que podía pasar, claro, me refería que era lo mejor que le podía pasar a él, pero no iba a aclarar una leve discordancia de linguística. Allí estuvo lloriqueando mientras decía que si el volvía con ella, ella se casaba con él. En ese momento, me fui para la cama porque ya no podía mas con el vomito de ignorancia de esta mujercita. Semanas mas tarde, mi marido me dice que salía a comer con ella, que le llegara al restaurante para que nos diera una noticia. Yo iba a salir con mi amiga Cristina y el restaurante me que quedaba de camino. Hice una parada y allí la mujercita me dice que se va a casar con el ex. Le pregunto qué le hizo cambiar de opinión a él y ella con un brillo en los ojos bien alegre dice algo como que fue al médico y le dijeron que en tres años el útero se le iba a secar, o algo así. Por lo tanto, si no se casaba ahora no podía tener hijos nunca y el muy idiota del novio le creyó el cuento, ahí supe que estaban hechos el uno para el otro. Me invitaron a la boda y no fui. En esa fiesta no había nada que celebrar y yo no iba a ser testigo de la futura infelicidad de dos personas. Si algo aprendí de esa lección es que las mujeres tenemos el poder y no nos damos cuenta. Si a tus 30 quieres ser madre aunque tu pareja no, una sabe como hacerlo. De igual manera, si tu pareja quiere ser padre y tú no, no serán padres hasta que ella quiera. La mujercita terminó casada y preñada. Me invitaron al baby shower, tampoco fui. Consejito a los hombres: Aprendan de reproducción.

Critican a las madres solteras y a las casadas sin hijos de la misma manera, como si fuésemos una piedra angular rota por donde se derrumba las ideologías mas retrógradas de la evolución humana. Tengo que decir que la pregunta de que si voy a tener hijos viene tanto de mujeres como de hombres. Es como una condición obsesiva compulsiva de no poder contener las imprudencias que salen por sus bocas. Un día que ya estaba harta me dijeron que no querer tener hijos es un acto egoísta. Say what?! Egoísta es traer un hijo al mundo sin capacidad, sin tener como mantenerlo, sin darle una calidad de vida. Egoísta es parir del primer idiota que te pasa por al frente porque se te olvidó ponerte condón. Egoísta es querer vivir de pensión alimenticia. Egoísta es amenazar a un hombre con las visitas paterno-filiales. Egoísta es parir por tus creencias religiosas. Egoísta es amarrar a un hombre que no te ama con los hijos. Egoísta es no pensar las cosas. Egoísta es que los políticos religiosos me digan como vivir mi vida. Egoísta es que tu me digas que tengo que parir.

Hace par de semanas atrás una amiga me dijo que yo estaba lista para ser madre. A mi marido lo internaron de emergencias en un hospital por apendicitis. La ultima vez que a él lo atendieron en un hospital fue el día que nació. Tenía un dolor descomunal, yo no le hice mucho caso porque pensé que los hombres no aguantaban dolor y estaba exagerando. Me preguntaba como sería el mundo si los hombres les bajara la regla mensualmente. Las cosas serían muy diferentes. Me dieron cuarenta papeles a firmar porque yo era la que tenía que tomar sus decisiones médicas mientras el estaba inyectado con morfina. El día que le dan de alta, llegamos a nuestro apartamento y apestaba a gas. El estaba high en medicamentos para el dolor y no se enteró. Yo no podía dormir porque me imaginaba que iba a morir calcinada en una explosión como la de Humberto Vidal. Un amigo nos vino a visitar y me miró con cara petrificada, ahí mismo llamé al 911. De repente, mi perra empieza a vomitar y cagar sangre mientras 7 bomberos entran por la puerta de mi casa. Evacuan el edificio pero me dijeron que me tenía que quedar porque yo era la jefa de familia y fue la que hizo la llamada. Mi marido todo tajado se sentó en una cuneta a llorar mientras la perra seguía desangrándose. Después de dos horas con este drama, me dejan regresar al apartamento. Agarro la documentación médica de la perra y salgo para emergencias veterinarias. La perra tenía gastroenteritis hemorrágica por la tensión emocional que le había ocasionado la hospitalización de su papá. Llegué a mi apartamento a la 1:30 am con los dos enfermos. Ese día me di cuenta que necesitaba mas amor y menos co-dependencia emocional. Me gradúe de enfermera. Cuando le hago el cuento a mi amiga y me dice que estoy lista para ser responsable de la vida de otro ser humano, me paniquié. ¿Eso es ser madre? No estoy lista.

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Entonces, cuando mis amigos me hacen sus cuentos de terror con sus hijos trato de compararlos con mi perra. Me miran con cara de insulto porque tener perros no es lo mismo que tener hijos, cuando es a ellos los que se les olvida que, al no tener hijos, estoy tratando de ser comprensiva con las pocas experiencias que he tenido en mi vida con el susodicho tema. Obviamente, tener un perro no es lo mismo que tener un hijo, pero coño, ya que te tengo que escuchar toda la mierda, trato de simpatizar como mejor pueda. Después que me confiesan que llevan un año sin dormir, tienes los cojones de decirme que no tienen animales porque es demasiada responsabilidad. La ironía que cargan en sus brazos siempre me hace reír. Me critican porque mi familia me felicita el día de las madres por tener a Antígona, pero yo no las puedo criticar el día de los padres cuando ponen un status de ‘soy madre, padre, abuelos, Wonder Woman y Superman’ también. Después me dicen con cara de lechuga que yo salgo o viajo mucho. Envidiosa, yo no tengo que gastar dinero en pampers, ni en fórmulas, ni en coches. Cuando se divorcian y le dejan el muchachito al ex, lo primero que hacen es llamarme para salir hasta las tantas conmigo y las ves recalentadas como queriendo recuperar la bellaquera perdida en tantos años, en un fin de semana. Tampoco es para tanto, bájale diez. Y es por eso que no voy a pedir disculpas por disfrutarme las distintas etapas de mi vida a cabalidad.

Preguntarle a una mujer si quiere tener hijos es preguntarle de una manera menos gráfica si se está clavando a un hombre vaginalmente mientras está ovulando sin ningún método anticonceptivo y si el hombre se vino adentro. Se oye fatal, se oye ofensivo, se oye como demasiada información que a nadie le debería importar. En otras palabras, vete al carajo entrometido o quieres que te pregunte si después de tener dos hijos tu pareja está lista para hacerse una vasectomía o tu estás lista para cortarte las trompas. Si algún día decido ser madre, no tengo duda que viviré feliz con las consecuencias y probablemente utilizaré este medio para contar las verdades que mis amigas se callan de la maternidad. De lo que estaré segura es que jamás le preguntaré a nadie cuando va a parir.

 

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