La catarsis de una puta llamada María

Si algo aprendí del peor huracán que ha pasado por mi país es que el sentido común es el menos común de todos los sentidos. La vorágine karmática que pasaba por la isla iba a ser un purgante para que vomitáramos lo que somos y estaba en nosotros desecharnos de la podredumbre o volvérnosla a tragar. El nivel de compasión y empatía duró unos breves momentos. Después nos salió a relucir la mierda que cargamos y no había inodoro por donde descargarla. No pasé el huracán en la isla, estaba en New York, y mientras la furia de María pasaba por encima de la casa de mis padres, el huracán pasaba por dentro de mí. No me podía mover del sofá, al punto que mi culo dejó un boquete en la esquina donde estaba sentada. Estaba petrificada, sin poder comunicarme con ellos y viendo todas las noticias que salían en los medios sociales y en la televisión. Ellos no sabían nada, solo lo que les estaba pasando por el aire. Yo lo sabía todo y no entendía lo que me pasaba por dentro. Los noticieros empezaron a hacer fiesta con su amarillismo y mis amigos fuera de la isla empezaron a llamar. En vez de consolarme, me daban mas estrés. Me decían cosas como que me comprara un pasaje para la isla porque Puerto Rico iba a dejar de existir. Me recomendaron que le comprara pasajes a mi familia y los metiera en mi casa porque ellos no iban a sobrevivir. También me acordaron el caos de Katrina, que asesinaban a la gente por una botella de agua y que a las mujeres las violaban. Eso era exactamente lo que necesitaba para calmar mi sentido de impotencia e incertidumbre. Alimentamos el alma con el drama y nos gusta decir lo peor en el momento incorrecto. La gente es tan pendeja e hija de puta a la vez. Lo peor de todo es que el huracán todavía no se había ido y la paciencia se me había ido a la mierda. María nos sacó lo que tenemos de cabrones.

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A las dos de la tarde vi que el ojo del huracán pasaba por encima de la casa de mis padres. La última comunicación que tuve con ellos fue la noche anterior. Seguía los updates de Deborah Martorell, ignoré a Ada Monzón cuando empezó a llorar en el mismo medio de la transmisión y se puso invocar a Jesucristo. Mi estabilidad mental necesitaba de información científica, no divina. La llegada de María era inminente. Mi hermana Laura me dijo claramente antes de engancharme: “Vamos a perder la comunicación y quiero que sepas que nosotros vamos a estar bien”. No había entendido la potencia de sus palabras. Cada vez que llamaba a sus celulares, me contestaba la voz automatizada con el cabrón pito para dejar un mensaje ¡Qué mucho odié la voz de la grabadora puta esa! Por primera vez dejé de confiar en mi instinto. Quería que me dijeran que estaban bien, pero solo me podía tranquilizar con los reportes de David Begnaud. Santifiqué a ese hombre como si fuera la Divina Pastora. De repente empiezan a salir las primeras imágenes de la isla y el corazón me palpitaba como pandereta pentecostal. Se me entumeció todo el cuerpo, me dieron unas ganas de vomitar terribles y me empezó un temblequeo en las manos que no podía agarrar nada. Ese fue mi primer ataque de pánico. Lo más triste de todo era que yo sabía que lo peor estaba por venir.

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Me percato que todo lo que reportan es de San Juan. Empiezan a salir mensajes de amigos en el área metro comunicándose a través de las redes sociales y es ahí que me doy cuenta que el resto de la isla no tiene ni data. Al principio me alegraba que estuviesen bien, pero a las horas me entró un encabronamiento de puta madre. La situación era paupérrima, pero cuando en medio de este crical se empiezan a quejar de que tal calle tiene luz y yo no, se me fue la empatía al carajo. ¡Mira pendejo, por lo menos tienes un celular cargado con señal y conexión a Facebook para quejarte; mi familia no tiene ni eso! Vemos lo que tiene el de al frente, pero se nos olvida mirar qué es lo que tenemos que le falta al de atrás. Eso fue lo que llamé el privilegio sanjuanero. Ese maldito privilegio contaminaba a los de la diáspora. Me llamó raimundo y todo el mundo a pedirme que donara tal cosa, que fuera de voluntaria a tal oficina, seguían hablando de política, debatían sobre el problema de sostenibilidad en la isla, de que se hiciera un grupo para llevar energía renovable. Todos son puntos válidos, pero yo no puedo hablar de ese tema o donar nada hasta que no sepa cómo está mi familia. No puedo pensar en el macro sin pensar primero en mi micro. Y en ese peo mental veo como la gente sin dos dedos de frente empezaban a comprar pasajes a la isla. Me reía porque era más que obvio que se los iban a cancelar, pero problema tuyo. Se llenaron almacenes de donaciones, pero nadie pensó en cómo iban a enviarlas. Hasta que veo un sendo mamao, que terminé bloqueando, preguntando cómo podía enviar por correo gasolina o gas propano. Hay que ser bien fucking bruto.

Al segundo día después del huracán tuve que afrontar lo que mas temía. Era mi cumpleaños y sabía que por primera vez en mi vida no iba a recibir felicitaciones de mi familia. En medio de mi depresión, la Divina Pastora, o mejor dicho, David Begnaud, informa que hay una falla en la represa Guajataca y 70 mil personas se iban a ver afectadas. Me entró el segundo ataque de pánico, aunque la noticia no me tenía mucho sentido. El lago tiene esa falla hace un montón de años. Esa área es un monte cabrón donde casi no hay casas y los alrededores del Lago Guajataca es montañoso. Las llamadas de cumpleaños terminaron siendo de gente dándome el sentido pésame. Me llamaron amigos de mi hermana para informarme que los iban a evacuar, que se los dijera. ¿Cómo puñeta se los voy a decir si están incomunicados? Una amiga de mi hermana tuvo la maravillosa idea de decirme que me comunicara con los vecinos de mis padres. ¿Qué parte de que las antenas de celulares se desplomaron y nadie tiene señal ella no entiende? Me salió el sarcasmo que habita en mis entrañas y le pregunto si me puede ayudar. Ella me responde que sí. Le pregunto: “¿Conoces una compañía que tenga cuervos que vuelen a Puerto Rico para escribirle una nota en el pico comunicándole esto a Laura?” La llamada se desconectó en ese preciso momento. Mi esposo me vió la cara de encabronada con depresión. Me dice que tengo que salir a despejarme y celebrar. Yo no podía bregar con mi alma. Saqué un traje que nunca me había puesto para estrenarlo. Estuvimos 15 minutos tratando de que el traje me cupiera por algún sitio. Cuando por fin entró, mi marido me dice: “Pareces salchicha a punto de salirse del embutido y el culo lo tienes apachurrado. Ponte otra cosa”. Feliz cumpleaños a mí.

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A la semana del huracán, sin poder dormir porque el celular lo tenía con todas las notificaciones activadas y con el timbre en lo más alto, recibo una llamada de un número desconocido en Puerto Rico. Era mi papá. Me pregunta como estoy y se me hizo un taco en la garganta. Me dice: “¿Por qué tu lloras?” No sabía qué contestarle. Ellos estaban bien, aunque para mí “bien” significaba que estaban vivos. Me consuela diciéndome que él regresó a su infancia, a la época del cañaveral, y que en el campo la gente es más adaptable. Lo único que le pude decir fue felicidades. Él no entendió. Había cumplido años el día anterior y no se acordaba. A los pocos días me llamó Laura. Yo quería saber cómo había sido la experiencia del huracán. Me dice que antes que pasara el ojo, se abrió la puerta del comedor y la pudieron cerrar justo a tiempo. La casa se inundó con tres pulgadas de agua y todas las camas se habían mojado. Estaban durmiendo en la sala, en los muebles mas incómodos que existían, pero los más lindos porque así es como mi madre decora. Cuando le pregunto por mami me dice: “La muy estúpida me dijo que no puede dormir porque le hacía falta el ruidito de la lluvia y los vientos. Lo único que le pude decir fue: ‘¿En serio extrañas a María arrullándote, pendeja?’” Nos reímos. Mi hermana piensa que el huracán fue un karma colectivo que tenía que pasar por Puerto Rico. Para mí fue la catarsis de una puta llamada María.

One thought on “La catarsis de una puta llamada María

  1. Te podria decir muchas cosas pero tengo miedo de cagarla y que te encabrones conmigo asi que te digo lo mas que te quiero decir, eres genial cono. Cada vez que leo algo tuyo me pregunto como carajo se llega a tener tanta gracia para escribir. Felicidades atrasadas por tu cumpleanos. Sigue escribiendo que habemos quienes apreciamos lo que haces. A parte de todo, que mucho estupido con diploma universitario tenemos en el pais……………… Saludos.

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